martes, 24 de octubre de 2023

 Normalmente uno halla alivio en las palabras y por eso, ese día, entré a la librería. Fui a buscarlo. A buscar relatos, a buscar señales, signos de él, algo que me lo trajera de nuevo al menos por un instante. Nada de lo elegido pareció casualidad. El primer libro que tomé, el de Alexakis, rezaba en la contratapa: "Un paseo entre lenguas: la de la infancia, la de los descendientes y la que permite nombrar lo perdido sin desgarrarse". El de Sasturain, también contratapa: "Es dificil salir ileso de estas historias que nos permiten revivir emociones sumergidas en la nostalgia" y el de Benedetti porque simplemente es Benedetti. Tomé después autodefinidos, porque temí encontrarme con el dolor de forma inmediata.

Todavía creo que va a regresar a casa. Que voy a escucharlo caminando por el patio. Que la radio nuevamente tendrá pilas y sonará el folklore. Que disfrutará de tomar el sol que tanto le gustaba en esta época y que celebrará cumplir 94 veranos. 

Pero no.

Lo invencible, lo irremediable, lo que perdura y la ardua tarea de asumir que no habrá mas que lo que ya se tiene. Cuidar el tesoro del recuerdo. Y así, continuar -por lo pronto- como a uno le salga. 


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